La "hora" de compartir

02/12/2021

Este viernes se celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Y el día 5, el Día Internacional de los Voluntarios. Por eso, desde Hermanas Hospitalarias queremos dar las gracias a quienes comparten su tiempo de forma altruista con las personas usuarias de la entidad. En total son más de sesenta hombres y mujeres de todas las edades, que en este reportaje representamos a través de los testimonios de Ana San José, Ji Su Ru Park, Candela Ruiz, Martina Mendizábal, Pablo Marticorena, Ion Díaz y Manuel Torralba.

Como cada miércoles, Ana San José acude a la Clínica Psiquiátrica Padre Menni. Allí le sale al encuentro una usuaria, a la que acompaña una tarde a la semana. Esta joven estudiante de Magisterio y Pedagogía decidió hacerse voluntaria poco después de comenzar la carrera. “Quería salir de mí misma”, comenta esta joven de 19 años en un receso de sus clases. Por eso, acudió a Tantaka, el banco de tiempo solidario de la Universidad de Navarra.

El tiempo que ha pasado en el centro de Hermanas Hospitalarias le ha ayudado a valorar mejor lo que tiene. “Dedicar tiempo a alguien a quien no debes nada porque no lo conoces es muy bueno para acercarse a otras realidades”, asegura. Y añade que, gracias a la usuaria a la que acompaña, hoy es “más agradecida” que antes de comenzar el voluntariado. “La chica con la que estoy es alucinante”, comenta con un tono de emoción. Y, aunque empezaron siendo dos desconocidas, voluntaria y usuaria comparten hoy un lazo muy bonito. “Adoro ir a verla”.

Las Hermanas Hospitalarias están esta semana de doble celebración. Como cada año, el 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de las Personas con Discapacidad y dos días más tarde, el 5 de diciembre, el Día Internacional de los Voluntarios. Precisamente, la entidad cuenta con más de sesenta personas voluntarias que, como San José, son una parte indispensable de la Clínica Psiquiátrica Padre Menni (Pamplona) y del Centro Hospitalario Benito Menni – Benito Menni Ospital Zentroa (Elizondo). Su principal cometido es el acompañamiento a las personas usuarias, pero también realizan diferentes actividades de ocio, integración comunitaria, talleres variados, apoyo en el uso de nuevas tecnologías, ayuda con la realización de gestiones o acciones antiestigma.

VOLUNTARIADO ENTRE PINCELES

Ji Su Ru Park también llegó al centro de Pamplona a través de Tantaka. “Me dieron un folleto porque buscaban a alguien para impartir un taller de cocina”, cuenta esta coreana de 22 años. Y como le gusta mucho cocinar, se puso en contacto. Pero esa actividad ya se lleva a cabo. De ahí que le ofrecieran otras opciones, entre las que se encontraba un taller de pintura. “¡Toda la vida he pintado!” Por eso, se decantó por él.

Para ella, este voluntariado es especial porque conecta con su propia historia, ya que a finales del año pasado salió de su episodio depresivo. “Me impactó mucho saber que podía empatizar más con ellos porque yo había pasado por algo similar”, confiesa.

En octubre de este año, esta estudiante de Marketing y Comunicación comenzó con las clases. Antes, ya había impartido lecciones de pintura para niños. “Con ellos realizaba una actividad visual y auditiva. Les ponía una canción de fondo y, a la vez, les contaba una historia. Después, ellos la dibujaban”, describe. Los niños la disfrutaban mucho y, por eso, pensó en practicarla en el taller con las personas usuarias de Hermanas Hospitalarias: “No sabía cómo iban a reaccionar porque son adultas, pero funcionó”.

Cada viernes, ella enseña a pintar a cuatro o cinco personas y siempre les lleva un tema de conversación diferente. “Hace unos días, les pregunté cuál es el consejo que darían a una persona joven. Una de ellas me dijo: ‘estar segura de sí misma’. Nos quedamos horas hablando. Más que yo enseñarle a ellos, ellas me enseñan a mí”, relata conmovida.

Candela Ruiz y Martina Mendizábal también llevan el arte cada semana al centro. Ambas tienen 16 años y son estudiantes del Colegio San Cernin de Pamplona. Para Mendizábal este es su segundo año como voluntaria. Su profesor, Pablo Idoate, se lo propuso a una de sus amigas en 2020 y, finalmente, se apuntaron tres. “Pero solo pudimos acudir de forma presencial en una ocasión, en verano, porque la pandemia nos obligó a hacer todo de forma virtual”, lamenta.

Este año decidió volver al centro con otra amiga, Candela, junto a la que imparte un taller de manualidades para personas mayores. “El primer día estuvimos haciendo abanicos y ahora estamos proponiendo actividades relacionadas con la Navidad, como muñecos de nieve”, cuenta esta última. Para ella, la tarde del viernes es un momento especial de la semana, en el que disfruta mucho. “Están contentas de que llegue el día porque quieren hacer cosas y pasárselo bien”.

De hecho, poco a poco ya empiezan a intimar y tienen más confianza. “Al final, compartir ratos con ellas nos ayuda a conocerlas y nos divertimos mucho”, atestigua Martina. “Son como un amigo más”.

A Pablo Marticorena, de 55 años, le gustaría hacer alguna actividad más, pero por el momento dedica su tiempo al acompañamiento de personas usuarias. Empezó como voluntario hace cuatro años. “Falleció un pariente de mi mujer en San Juan de Dios y vi un anuncio de voluntariado. Además, coincidió que por aquella época también entró en la residencia una persona que vivía en mi misma calle”, recuerda. Ese fue el momento en el que decidió dar el paso: “Me picó la curiosidad y me acerqué a los dos centros, tanto a San Juan de Dios como a Hermanas Hospitalarias”. Y, como le llamaron primero esta segunda entidad, comenzó ahí.

Entonces, empezó a hacer acompañamiento a una persona cuya situación no le permitía salir al exterior. “Por eso, paseábamos por el centro y su patio interior”. Con la persona usuaria a la que acompaña actualmente, sí caminan fuera de las instalaciones “porque le viene muy bien”. Andan un rato y, si se cansa, se sientan a hablar. Y, cuando se despiden, Marticorena visita a la persona que vivía en su misma calle.

“Tengo creencias religiosas y considero que es lo que el Señor me está pidiendo que haga”. Así explica él por qué lleva casi un lustro como voluntario. Además, la reacción de las personas usuarias hacia ellos “es buena”. Cuando le ven llegar, se muestran agradecidas porque, entre otras cosas, les saca de sus rutinas. Y no solo a quienes tiene asignadas: “Aquellas personas que en esos momentos no están con acompañamiento también se ponen contentas. Porque tú te preocupas por su estado de ánimo y las siguientes pueden ser ellas”.  

Ion Díaz Elduayen y Manuel Torralba Lizo son dos seminaristas de 37 y 26 años respectivamente. Dentro de su formación se encuentra la actividad de pastoral. “En los tres primeros años realizamos una actividad de voluntariado con las personas más necesitadas”, concreta Díaz. El voluntariado en Hermanas Hospitalarias se lo propuso su rector y, este año, a finales de septiembre, comenzaron.

Como cada sábado, llegan a las instalaciones a las diez y media de la mañana. Allí recogen a las cuatro personas que tienen asignadas y salen a pasear. “Están deseando dar un paseo cuando vamos”, asiente Torralba. Normalmente, acuden al parque que está al lado del centro. “Siempre les apetece tomar un café. Nos preguntan un montón sobre la vida en el seminario, el pueblo del que somos... Están deseando conocernos bien. Incluso se han aprendido nuestros cumpleaños”, resalta.

Cuando se despiden, visitan a dos ancianas que están en la unidad de Psicogeriatría y se mueven en silla de ruedas. Si necesitan hacer algún recado, las ayudan y acompañan. “Después, están encantadas de ir a tomar un café o un pincho”. Su compañero anima a otras personas a seguir sus pasos y hacerse voluntarios. “Muchas veces parece que es más difícil de lo que realmente es”, defiende convencido.

Y recuerda una anécdota que les ocurrió hace solo unas semanas. Ambos paseaban con las dos ancianas por el parque cuando un hombre, al observarlos empujando las sillas de ruedas, les preguntó si eran voluntarios. “Nos contó que llevaba tiempo pensando en hacerse, pero no sabía cómo”, narra. Ellos mismos le explicaron que era tan sencillo como acercarse a la recepción del centro y ofrecerse: “Están deseando que haya gente dispuesta a dedicar tiempo, aunque solo sea media hora a la semana”.

Por su parte, Díaz remarca que dedicar ese tiempo a los demás merece mucho la pena. “Aunque es muy importante la formación académica que recibimos como seminaristas, también lo es conectar con la sociedad y conocer las distintas realidades”. Y lanza una invitación para que lleguen más personas voluntarias a la entidad: “Últimamente se ha puesto de moda que la gente se ofrezca para pasear a perros, que me parece una iniciativa genial, pero tenemos a personas con sentimientos, realidades y situaciones muy complejas de las que debemos acordarnos”, remata apenado.