Galgos que dicen "Te quiero"

16/06/2021

‘Atila’ y ‘Beltza’ son dos galgos de terapia que comparten su día a día con una docena de personas usuarias y con el equipo de profesionales del Centro Hospitalario Benito Menni-Benito Menni Ospital Zentroa. El programa, que cumple cinco años en este 2021, sirve para que animales y personas se ayuden mutuamente. Tatiana asegura que los dos perros “son la diferencia entre estar triste o sentirse feliz”.

“El primer año aquí lo pasé muy mal, pero fue encontrarme con ellos y todo cambió”. Tatiana acaricia con delicadeza a ‘Beltza’, un galgo negro que se ha convertido en su gran apoyo dentro del Centro Hospitalario Benito Menni-Benito Menni Ospital Zentroa. “‘Atila’, ¡vuelve!”, ordena a un segundo galgo, que corretea por los alrededores. Obediente, en pocos segundos vuelve a estar sentado cerca de ‘Beltza’. La joven presume de haberlos educado “bien”, algo que corrobora Ana Recarte, auxiliar de enfermería y coordinadora del proyecto de galgoterapia. “Tiene mucha conexión con los perros y a ‘Atila’, por ejemplo, le ha enseñado a no gruñir”.

Tatiana sonríe al escuchar los halagos: “Soy muy líder y me gusta mucho enseñarles”. El motor de un camión rompe el silencio de la tarde preveraniega y ‘Beltza’ se mueve inquieta. “Fue maltratada antes de venir aquí y le quitaron dos camadas”, lamenta la residente mientras traslada al perro a un lugar más tranquilo. ‘Beltza’ es menos asustadiza gracias a ella y otros compañeros porque, con la galgoterapia, se benefician por igual tanto las personas como los animales. “Ellos me ayudan a mí y yo les ayudo a ellos”. Tatiana disfruta mientras observa jugar a ambos animales. “Para mí, los perros son la diferencia entre estar triste o sentirme feliz”, comenta emocionada.

‘Atila’ llegó al centro hace ya casi cinco años. Desde entonces, ha mejorado la autoestima de muchas personas usuarias, su psicomotricidad y ha disminuido sus niveles de estrés, además de fomentar su interacción social fuera de las instalaciones con otros vecinos y vecinas de la localidad. “Da gusto ver cómo se tumban en el suelo con el animal y se relajan muchísimo”, comenta Romero Agramonte, supervisora de Enfermería, quien señala que esto, además, mejora la tensión arterial.

La iniciativa, liderada por el área de Enfermería, se puso en marcha en septiembre de 2016 tras conocer la experiencia de sus compañeros del Centro Sociosanitario Palencia, que también pertenece a las Hermanas Hospitalarias. “Allí ya tenían ese proyecto y funcionaba bien”, recuerda Agramonte. Por eso, Uxua Lazkanotegi, jefa de Enfermería de Hermanas Hospitalarias Navarra, se puso en contacto con sus colegas castellanas para traer el programa a la Comunidad foral.

Así llegaron, procedentes de Palencia y con pocos meses de vida, ‘Atila’ y su hermano ‘Argui’,  los dos primeros perros. Lo hicieron acompañados de un entrenador, que preparó al personal del centro para introducirlos a las personas usuarias. No obstante, los profesionales constataron pronto que ‘Argui’ no funcionaba bien como perro de terapia y fue sustituido por ‘Beltza’. “Tenía un instinto más cazador”, explica Recarte.

En la actualidad, alrededor de una docena de personas usuarias participa de los cuidados de los dos perros, bajo el requisito de no fumar cuando están con ellos. “A todas las personas que se interesan y que quieren atenderlos se lo facilitamos”, precisa la supervisora de Enfermería. De hecho, hay participantes de todas las unidades con las que cuenta el centro. “Y se van sumando más”, apostilla Recarte.

‘Atila’ y ‘Beltza’ se hacen querer. También entre el personal del centro. “Cuando llegaron, yo no me podía acercar porque me daban miedo”, rememora Agramonte sobre su primera toma de contacto. Lo cuenta con ‘Beltza’ sentada a su lado. Y no es la única. Otros profesionales y residentes también se han ido acercando, poco a poco, a los galgos. “Este año, por el Covid-19, los perros no han salido de una unidad. Cuando entraron, al 80 % no les gustaban, ahora solo son el 40 %”, asegura Recarte.

Pero además de los cuidados, la galgoterapia llega a otros aspectos de la vida diaria del centro. Antes del confinamiento, había personas que llevaban de visita a los perros a la unidad de psicogeriatría. “Les ayudaban a socializar y a los mayores les encanta acariciarlos”, indica Agramonte. Esa, como muchas otras actividades, se vio truncada por la irrupción del Covid-19. “Ha sido una faena, pero poco a poco las estamos volviendo a retomar”.

Las dos profesionales coinciden en que el trato con ‘Atila’ y ‘Beltza’ tiene muchos beneficios. Amanece en Elizondo y una de las personas usuarias remolonea entre sus sábanas. Pero aparece el primero de  los galgos para terminar de despertarlo: “‘Atila’, pesado, ¡ya voy!”, le gruñe para levantarse acto seguido, en apenas unos segundos. Es una escena que se repite a diario en el centro baztanés y que evidencia la buena sintonía entre los perros y las personas usuarias.

En ese sentido, Agramonte destaca que el contacto con ‘Atila’ y ‘Beltza’ les permite mejorar su autoestima y expresar mejor sus emociones. Y es una buena herramienta para casos de depresión. “Si están pasando por un momento malo, piensan y hablan del perro en vez de centrarse en sus problemas”, especifica. Desde el punto de vista físico y psicomotor, este programa aumenta la movilidad y destreza manipulativa, así como la coordinación entre el ojo y la mano.

El cuidado de los galgos

Las personas usuarias comprometidas con el cuidado diario de los galgos tienen un calendario para organizar todas las tareas diarias, así como una serie de compromisos, rutinas y responsabilidades que deben cumplir. Por ejemplo, tienen que recordar el nombre de los animales, cómo se llama el alimento que toman o dónde recoger el agua para darles de beber, limpiar la caseta y el jardín, sacarlos a pasear... Por eso, también entrenan mucho la memoria, así como la articulación de palabras, y fomentan el trabajo en equipo: “Además, estas actividades disminuyen el aislamiento porque muchas personas usuarias salen para dar de comer al perro e interactúan entre sí para organizarse”, concreta la supervisora de Enfermería.

“Hacemos de todo. Cuando hay que darles medicación, escondemos la pastilla en la carne para que se la tomen sin enterarse”. Tatiana pone de ejemplo uno de sus cometidos y recuerda otro, la hora del baño. “Al principio, les daba miedo ducharse. Se me ocurrió mojarme para que vieran que no pasaba nada”.

Cinco años después de su llegada, los galgos se han convertido en una parte fundamental del equipo profesional del centro. “Son animales muy tranquilos. Aunque corren mucho, pueden llegar a dormir hasta 18 horas”, remarca Recarte sobre las particularidades de esta raza, idónea para este tipo de terapia. Y lo hace acariciando a ‘Atila’, de apariencia bonachona. “Si los perros de galgoterapia tuvieran un valor, este sería el más caro del mundo”, defiende. Tatiana también ensalza las bondades de ‘Beltza’: “Nos da lametazos para decirnos que nos quiere”.